2 semanas pasaron y su ausencia fue notoria,
su energía vibrante ya no se percibía,
-¿Qué te pasó? ¿Qué tienes mi amiga?
Extrañamos tu voz, tu peculiar alegría.
Pronto noticias llegaron,
Ella mi amiga del Sudan del Sur
ahora en manos de la medicina.
Su situación agravaba día a día,
su agonía, un dolor intenso acompañado de lágrimas.
Ella de Somaliland, devota de Allah,
como si se tratara de su propia vida,
incansable e incondicional,
de la sudanés cuidó.
Siempre a su lado
como una hermana biológica, como familia de verdad,
como una amistad antigua, pero fueron solo 7 meses desde que se conocieron;
aún así, de su lado no se movió.
Y la sudanés: “si yo no duermo, ella no duerme,
si mi cuerpo agobia de dolor, ella sufre conmigo,
si lloro llora, si río ríe.
¡Eh aquí la belleza de un alma pura!
¡De un alma de madre, de hermana y amiga!
Ambas de distintas naciones y religiones pero atadas,
tan cercanas que el mundo tiembla de admiración.
¡Eh aquí la belleza humana,
la esencia de lo divino emanando en una simple mortal!
Por: Nicolas Murillo R.
